domingo, 24 de agosto de 2008

Vacaciones en Madrid VII

Día 7 - Sábado: Relajada

El plan del día era, para empezar, una visita al Retiro. El metro me dejó en la misma puerta. El Parque del Retiro es muy bonito, me recordó mucho al Parque de la Ciudadela, pero en enorme. Es casi un bosque, con preciosos rincones donde perderse, lleno de fuentes espectaculares y un lago con su embarcadero. La gente pasea, alimenta a los gatitos o a las palomas, pasea en barca, todo tiene un cierto ambiente íntimo, acompañado por la música de un saxofonista amateur que no dejaba de tocar "Strangers in the night".

Las sirenas del embarcadero son hermosas y sorprendentes. Me hizo mucha gracia oír a una niñita decirle a su papá: "¡mira papi, tiene culo!" y es cierto, sus piernas se enroscan en una cola doble, nunca había visto sirenas así, preciosas, con sus cuerpos generosos de otra época donde la belleza tenía mucha más carne sobre el hueso.


Me encantó un pequeño parque dentro del Parque, una maravillosa rosaleda. Haciendo auténticos equilibrios, conseguí atar la cámara a uno de los enrejados y poner el disparador automático y la verdad es que quedé bastante bien... porque yo lo valgo jajaja

Por supuesto, no podía dejar de visitar la fuente del Ángel Caído, una de las pocas estatuas que existen dedicadas al Diablo. Mmm! si los demonios tienen ese tipazo, creo que conozco a más de uno jeje...

Y también el increíble Palacio de Cristal, frente a su lago con surtidor y un original paso para llegar a él bajo una cascada muy lindo, del que se sale un poco húmedo por las gotas que caen de las estalactitas del techo...


Muy cerca del Retiro está el Jardín Botánico, al que se accede pagando una entrada (unos ridículos 2 Euros que bien valen la pena) y es donde fui a continuación.




Me enamoré de las dalias, me reí en el huerto, entre los tomates y las calabazas, busqué infructuosamente alguna maceta con hinojo entre las plantas aromáticas, paseé bajo las vides llenas de uvas de diferentes variedades, contemplé la famosa colección de bonsais donada por el expresidente Felipe González, me sentí en plena selva amazónica en el invernadero y me fotografié con una glicina, mi trepadora favorita. Una auténtica delicia.

Al salir de allí, para hacer tiempo hasta las dos, volví a la Plaza Mayor, intenté apuntarme a una visita guiada por la ciudad donde se explicaban viejas leyendas, pero el cupo ya estaba completo y no pudo ser. Volví hasta la Estación de Atocha.


A partir de las dos del sábado, el Museo Reina Sofía es gratuito, entré a ver el Guernika en persona, también disfruté de algunos cuadros de Dalí y me quedé algo más de una hora viendo un documental sobre canciones de la postguerra. Fue muy entretenido estar allí sentada, rodeada de un grupo de abueliyas que se las cantaban todas, yo también canté alguna, lo reconozco... Por cierto, que las muy pillas hablaban en catalán pensando que así nadie las entendía y yo me partía de risa al oírlas y entenderlo todo...

Luego, de vuelta al hotel para descansar un poco y arreglarme para la noche...

Cuando iba a salir hacia Madrid, me puse en contacto con un amigo que sabía que vivía en la ciudad, UHL, y él me contestó que, muy a su pesar, no íbamos a poder encontrarnos, pues salía de vacaciones a Grecia, pero que me mandaría a dos amigos suyos, Norman y Alessandro, para que me enseñaran la ciudad y me llevaran a algunos sitios divertidos. Me dio sus teléfonos y yo les mandé mensaje.

A Norman no lo pude conocer porque se iba a la Expo de Zaragoza, pero sí había conseguido arreglar una cita con Alessandro.

Y debo decir que no me defraudó en absoluto este interesante italiano de ojos de zafiro y manos delicadas. Ni el famoso local "Encuentros" del que tanto había oído hablar y donde dimos buen espectáculo, como la ocasión merecía...

1 comentario:

Un hombre libre dijo...

ummm,.. Encuentros!!, a ver si la próxima no fallo

Besos, UHL