
Cada año, por estas fechas, intento escaparme algún día a Sitges, a divertirme en el Festival Internacional de Cine de Catalunya, paseando por las paradas de souvenirs de cine, camisetas y demás. Sitges, como ya he comentado en alguna otra ocasión, me llena de energía positiva, su luz, sus playas (¡incluso en Octubre, llenas de gente!) esas calles llenas de comercios y de restaurantes, sus calles plagadas de gente, nacionales y extranjeros.
Flecha me mandó un mensaje al móvil contándome que uno de sus cortos iba a concurso y que si me apetecía estar allí el fin de semana para verlo, que él me invitaba a asistir a su lado, que con su acreditación podríamos ver muchas películas juntos y que disponía de sitio para mi donde estaba alojado. Así que dije que sí.
Luego añadió que también había de realizar una "performance" para presentar una película y que si me interesaba participar me trajera ropa de cowgirl. Le dije que ya me lo pensaría, pero que no creía que lo fuera a hacer, ¡que vergüenza!... Pero, por si acaso me daba un siroco, me llevé alguna cosilla, por si lograba convencerme, que yo me conozco y suelo ser fácil de convencer jajaja
Al llegar a Sitges, todavía con el uniforme del trabajo, nos pasamos por su pensión, me di una ducha y me cambié de ropa. Allí, la mujer de la recepción, nos explicó una historia curiosa: un par de noches atrás, un hombre había venido y había pedido la llave de una habitación en concreto. La persona del turno de noche se la había dado. Un rato más tarde, apareció una chica y pidió la misma llave. Al decirle que se la habían dado a un hombre que ya había subido a la habitación, ella dijo que venía sola. Al comprobar la reserva vieron que, efectivamente, estaba hecha a nombre de la chica. Subieron a la habitación y estuvieron llamando a la puerta para hablar con el hombre, pero no les contestaba, así que pusieron a la chica en otra habitación. Por la mañana, cumplida ya la hora en que debía abandonar el cuarto, el hombre no salía. Así que terminaron abriendo con la llave maestra y.... no había nadie en la habitación, que estaba cerrada por dentro... Y la llave de la habitación aún no había aparecido... uuuuhhh!! Flecha y yo comenzamos a llamarlo El Ente, como la famosa peli, y acabó llamándose el Ente Vicente, con el que hacíamos broma cada vez que volvíamos a nuestra habitación (que, por cierto, tenía tres camas...).
Nos dimos una vuelta por el pueblo. Ir con Flecha por la calle es muy divertido: la gente se gira a mirarlo (supongo que por su aspecto "friki") y muchos le saludan, se va encontrando con conocidos por todas partes. Él había quedado también con otro amigo, llamado Albert, un encanto de 23 añitos, con ese aire de tímido dispuesto a hacer cualquier cosa que a mi me encanta. Me pasé toda la noche tirándole los trastos descaradamente, lo que le hizo bastante gracia. Él había participado ya en una actuación de las de Flecha, haciendo de soldado, moviendo una jaula dentro de la que había una chica ligerita de ropa y se lo había pasado muy bien. Entre uno y otro, antes de cenar ya estaba convencida de participar en la "performance": que si había partido del Barça en la tele, que si mucha gente estaría viendo las películas del Festival, que no me iba a ver casi nadie, que pasaríamos un buen rato...
Estuvimos en las Taquillas, junto al Hotel Melià, intentando conseguir entradas para el pase nocturno de "Repo, the genetic ópera" pero había habido problemas en el pase de la mañana y habían pasado a la gente a la noche y estaban agotadas. Por más que insistimos no pudo ser... Así que volvimos a bajar al pueblo, algo desanimados, Flecha estaba tan cabreado que incluso se planteaba si hacer la performance o no. Nos pasamos por el Edificio Miramar, sede del Espacio Brigadoon y decidimos cómo iría todo colocado (si lo hacíamos). La sala no era muy grande, con un escenario con una gran mesa y varias sillas, tras la que había una pantalla y, delante, una zona para el público con muchísimas sillas, que en ese momento estaban casi en su totalidad sin ocupar. Flecha quería colgar unas cadenas de las lámparas del techo pero no se lo permitieron, demasiado peligroso, podrían romperse los tubos fluorescentes o caer sobre la gente... Nos fuimos a cenar.
Los tres juntos nos zampamos unas pizzas fantásticas en La Oca, mientras esperábamos a Lorena, la chica que iba a hacer de víctima, que llegó justo cuando acabábamos, junto con su novio. Estudia teatro, es una niña guapísima, con melena castaña de grandes rizos, largas piernas y buenos pechos, muy simpática y atrevida. Ella (y supongo que la botella de vino que nos bebimos con la cena) pareció insuflar vida a nuestro proyecto y bajamos los cinco muy contentos y con ganas de montar el espectáculo.
Cuando entramos en la sala ¡sorpresa! estaba llena a tope... ufff... ¡Qué "acojoneeee"! ¿Porqué me meteré yo en estos líos? Ya no podía echarme atrás, bueno, en realidad sí pero, ¿quería? Me apetecía meterme en el personaje, vivir un nuevo tipo de experiencia. No era nada malo, no me haría daño probar... El novio de Lorena nos ayudó a colgar un plástico transparente del techo con cinta americana mientras nosotros nos cambiábamos. Él se encargaría de sacarnos fotos y Albert de filmar la actuación con la videocámara. La película que íbamos a presentar se llamaba "The Texas Vibrator Massacre", una parodia en clave pornográfica de la famosa "Matanza de Texas", así que nosotros haríamos de la sádica familia que lleva una víctima a casa para violarla y matarla...
Lorena se vistió con unos shorts tejanos, una camiseta blanca de tirantes y unas camperas, se hizo dos coletas y se pringó la camiseta de sangre falsa, como si la hubiéramos perseguido y pegado antes de atraparla. Yo llevaba un mono negro de tirantes, un pañuelo al cuello, una camisa estampada como de franela, un gorro de cowboy de lado, tapándome medio rostro y maquillaje tipo actriz de cine mudo, muy marcado, también me manche la mejilla, los labios y el pecho con la sangre de bote. Flecha llevaba sus pantalones negros con muchas correas, se vendó el pecho y la cara con film transparente y se cubrió con la sangre de pega. Para rematar (jaja) se puso una careta de cerdo auténtica, sujeta con el plástico. Metimos a Lorena en el centro de un artefacto metálico y la sujetamos con las cadenas.
La luz estroboscópica parpadeaba con velocidad, como flashes de una pesadilla. Flecha, el carnicero, y yo, su dulce ayudante, entramos arrastrando a nuestra presa, que chilla y se retuerce. Pongo cara de mala, lanzo miradas desafiantes a la gente que nos observa con cara de susto. La lástima es que nos hayamos dejado la música (íbamos a poner algo de Marilyn Manson) en el coche. Llegamos a donde cuelga el plástico y le soltamos las cadenas. Ella grita de forma ensordecedora, se libera, intenta escapar. La flagelo con un haz de tiras de plástico blanco. La atrapamos cuando prueba de meterse bajo las sillas de los anonadados espectadores. Flecha se quita la careta y la deja sobre la mesa y su cara cubierta de sangre y film transparente exhibiendo una gran sonrisa es aún más escalofriante. A Lorena le entran unas violentas arcadas (nos había dicho que intentaría vomitar durante el show...), Flecha finge sodomizarla y yo le animo a ello, empujando su flaco trasero, sujetando a su víctima, él le arranca la camiseta dejando sus tetas al descubierto. A pesar de lo que lucha, ahogada en el plástico que acaba por desprenderse del techo, acaba por rendirse y desfallecer en el suelo. Flecha me besa, me lame la sangre de la cara y el pecho, se muestra contento y se sienta tras la mesa, satisfecho de su actuación. Ella se levanta de un salto entonces, gritando de rabia, subida a la mesa coge la careta de cerdo y le pega con ella, furiosa, para luego salir corriendo de la sala. Él corre tras ella, intentando volver a cogerla y yo no puedo parar de reír. El público se arranca en un aplauso atronador, soy la única que queda para saludar y despedirme y salgo corriendo tras ellos. Apagan las luces y, al pasar por la puerta, veo de reojo que comienza ya la película.
El el improvisado vestuario, los tres estamos tirados en el suelo, recuperando el aliento, la adrenalina fluyendo por nuestras venas, comentando que ha quedado genial. "Una chica de primera fila se ha asustado y se ha ido..." "Es que creo que le he escupido..." contesta Lorena entre risas. Aparece Juanma Pastor, el director del Espacio Brigadoon y nos felicita efusivamente, nos acompaña a los lavabos que hay en el segundo piso para que podamos cambiarnos y asearnos de toda la sangre falsa. Nos invita a irnos de fiesta luego con él y Flecha y yo aceptamos. Albert, Lorena y su chico habían de volver a casa y no se podían quedar.
Mientras nos dábamos una vuelta por la exposición de dibujos sobre King Kong, vimos que la gente huía en desbandada de la sala de proyección. La película no era lo que esperaban. Espero que, al menos, la "performance" les gustara. Lorena se despidió cálidamente de nosotros. Flecha y Juanma se enfrascaron en varias conversaciones que no parecían acabar nunca, pero Albert y yo no teníamos prisa. Sentados en las sillas frente a la sala, llevábamos nuestro flirteo cada vez más lejos... Me encanta cuando se ríe. No quería que se fuera y traté de convencerle...
Cuando salimos a la calle, nos estaba esperando un coche impresionante de la organización. Albert se despidió de mi con un morreo increíble y una miradita pícara. Seguiré en contacto con él... Pasamos a buscar a un amigo de Juanma, luego nos fuimos los cuatro al Ruta 66 y allí nos tomamos unas copas y estuvimos charlando. La música no era demasiado buena, era muy tarde, Juanma se sentía muy cansado y nos dijo que se iba a su hotel. Flecha y yo queríamos madrugar para ver un par de películas, así que también nos fuimos para la pensión.
Ya acostados, decidimos echarle un ojo al material filmado por Albert y.... ¡que decepción! Supongo que se equivocaría de botón, porque no había grabado nada... ¡Que lástima! Me hubiera gustado vernos en acción...
Me quedé dormida enseguida. Durante la noche, recibí un mensaje en mi móvil: el número de una habitación en el Hotel Melià... pero no lo vi hasta la mañana siguiente...