martes, 14 de septiembre de 2010

People from Ibiza





Al levantarme, pronto, porque los desayunos solo los sirven hasta las diez, me sentía bien, a pesar de haber dormido poquito. Sabía que el ferry para Es Canar salía sobre las once, así que me puse las pilas.

Una ducha refrescante, pelo mojado al viento y mi mejor vestido hippy, azul celeste.


El barco se balanceaba una barbaridad, no me esperaba que tanto, pensé que me marearía y todo pero enseguida me di cuenta de que si miraba el paisaje por mi ventana no era tan consciente del movimiento. Los dos marineritos estaban bastante ricos, uno rapado y el otro un morenazo con gafas de sol que no me quitaba ojo (se parecía un montón al futbolista Fernando Hierro) y que le hizo algún comentario sobre mi al otro. Se estiro boca arriba en los asientos, abandonándose perezosamente al vaiven de las olas, estábamos casi solos en el interior del barco, casi todo el mundo estaba en los asientos al sol, y me entraron unas ganas locas de lanzarme sobre él y hacerle mil cosas… pero no lo hice, claro.


Tardamos una hora en llegar hasta Santa Eulària, con una breve parada en Cala Llonga, un sitio precioso donde la gente nos saludaba desde sus barcos y juegos para el agua.

Al llegar a Santa Eulária, tuvimos que cambiar de ferry, que hacía el trayecto desde allí hasta Es Canar. Le dije adiós a mi morenazo al cruzar la pasarela, esperando verlo en el trayecto de vuelta.

Con el nuevo ferry llegamos a Es Canar. El famoso Mercadillo Hippy estaba a unos metros caminando. Callejuelas y callejuelas de paradas de ropa y objetos artesanales, algunos ciertamente curiosos. Me sentí inspirada y aproveché para comprar regalos para toda la familia. Aquí ves a la gente que se enamoró de la isla y se quedó a vivir, gente bohemia y simpática, artistas, tienen magia en la sangre. Me encantó el lugar, lleno de música y colorido.

A las tres, salía el ferry de regreso y de nuevo, en Santa Eulària cambiamos al otro, de vuelta a Eivissa, donde el morenazo de las gafas me recibió con una sonrisa. Que guay. Están realmente bien sincronizados para que la gente no tenga que esperarse entre uno y otro. El chico se pasó todo el trayecto sentado junto a un hombre mayor que había a mi lado, dándole conversación mientras me miraba y me sonreía, buscando el contacto de mis ojos. El paseo de vuelta, a toda velocidad sobre las olas, fue magnifico. Hacía bastante viento, que levantaba oleaje y las gotas de espuma me salpicaban la cara, haciéndome reír. El mar, el cielo, el barco: todo era azul, me sentía libre, y la libertad era azul también….


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